Conversación en el futuro
Sobre el lujo de la muerte
Lectura de 5 minutos
Año 2867
Era de noche, él esperaba en la parada de autobus, cubriéndose de la lluvia que reflejaba en los charcos los rascacielos iluminados como si de un mundo paralelo se tratase. Por esa zona no había estaciones de teletransporte y además ya se había gastado casi todos sus créditos del mes.
Un autobús se acercó. Observó que venía conduciéndolo un humano.
Se subió y le dijo al conductor: -¿Otra vez por aquí?-
-Ya sabes como se ponen los programas de inteligencia artificial cuando hay tormentas solares, son muy impredecibles- respondió el conductor.
El pasajero se sentó en el asiento más cercano al conductor y rompiendo el silencio dijo:
-Oye, nunca te he preguntado ¿Cuantos siglos tienes?-
-Seis siglos, en el 23 nací, pero años exactos tendría que sentarme a pensar para decírtelo- respondió el conductor del autobús, rememorando su juventud. -Y ¿Tú?-
-Dos siglos nada más- respondió el pasajero, y volvió a preguntar -¿Pero la muerte ya no existía cuando naciste no?-
-Bueno, no envejecíamos ni enfermábamos, pero todavía podíamos morir por accidentes. Fue en el 24 cuando la nanoproteccion se empezó a comercializar.-
-Ostras, pues la gente debería de vivir con un miedo constante. Si les atropellaba un coche o les atacaba algo podían morir… ¡Yo no saldría de casa ni loco!- exclamó el pasajero.
El conductor exhaló una sonrisa.
-Pues imagínate antes, incluso en el siglo 21, todo el mundo, absolutamente todos, morían-
-¿Incluso sin acidentes?-
-Incluso sin accidentes. Cada persona, desde el momento que nacía sabía que iba a morir algún día.-
Un bache cortó la conversación, el pasajero observaba con la mirada perdida la carretera iluminada que se extendía hasta el horizonte, intentando concebir una realidad donde su mortalidad fuese algo que tuviese que asimilar.
-¡Pues tendría que ser la hostia!- gritó el pasajero.
El conductor, soltó su mirada de la carretera para mirarle al pasajero a los ojos con incredulidad-¿Por que?-
El pasajero se inclinó hacia delante y respondió: -Pues imagínate que sabes que vas a morir. No solo eso, sino que todo el mundo que conoces, y de todo el mundo va a morir también. Yo haría lo que quisiera-
-¿A qué te refieres?-
-Pues ahora como vivimos para siempre, al igual que el resto de personas, pues tienes que pensar en tu imagen y además no hay ningún tipo de prisa porque sabes que siempre va a haber un mañana. Pero antes, antes a la gente les daría igual, vivirían exprimiendo cada gota de pasión que llevaran en su interior porque no sabían cuánto les quedaba de vida.-
-No sé yo- dijo el conductor.
-Y tampoco les importaría la opnionion de las otras personas- interrumpió el pasajero, -Les verían como cadáveres andantes caminando hacia su tumba donde se enterrarían con ellos sus opiniones sobre los demás. Pero a la vez como una fuente de felicidad que un día dejaría de existir.-
El conductor no respondió, no quería interrumpir el hilo de pensamiento del pasajero.
-Además, es algo que les uniría a todos. Indiferente de quien fueras o lo que hicieras en la vida, todos compartían un mismo destino: la muerte.-
El silencio volvió a retomar las riendas de la conversación mientras ambos consideraban este atrevido pensamiento, hasta que el conductor dijo con tono reflexivo:
-Pues hay dias que no estaría mal probar eso de la muerte.-
Se miraron a los ojos, intentando mantener en vano un rostro serio, pero este fue interrumpido por una buena dosis de carcajadas.
-Y tanto,- respondió el pasajero recuperando el aliento, -Qué tiempos deberían de haber sido aquellos…-